viernes, 4 de noviembre de 2011

Ojos, templanza y jucios

Las ratas que habitan en las cuencas de tus ojos no me han pedido perdón por haber carcomido la madera de mis entrañas.
No sienten, no entienden.
En realidad no saben.

Las ratas de tus ojos juegan sin permiso a esconderse en las zarzas de mi pelo para enmarañar la espinada razón.
No respetan. No cuidan.
En realidad no quieren.

Tu lenguaje aparentemente muerto, no entiende de palabras. Era el ruido de tu garganta el que pincelaba el cuadro melódico enmarcado por mi risa. Eran las ratas que moran en tus ojos las que se escapaban y me hacían subir muerta de pánico a la silla de la frivolidad.

Encierra a tus ratas maleducadas, este cadáver sólo quiere descansar en paz.

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